Vin*tea*ge

A pesar de ser una ciudad en la que actualmente no me siento cómoda, hay que concederle algunas cosas a Buenos Aires. Una de ellas es que tiene rincones maravillosos para los amantes del té y de la ceremonia de su degustación. Por eso, hoy quiero hacer una pequeña reseña de un lugar donde -en mi opinión- pueden encontrarse algunos de los mejores blends que se comercializan en esta ciudad: Chez Pauline.

No voy a referirme a la historia del lugar, porque pueden encontrarla en su sitio web. Simplemente quiero hacer una semblanza de su ambiente: cruzar la puerta del local es como trascender una frontera temporal y retroceder unas cuantas décadas. Se respira un aire que no es de estos tiempos, pero no es sólo porque la estética visual transmita esa sensación. Tampoco es solamente por su atención, que tiene un timing diferente al clásico acelere porteño. Hay algún elemento más, inasible e indescriptible.

Sospecho que esa experiencia en seleccionar blends singulares (elaborados por Teeson) la aplican también, cual alquimistas, para transmutar y alterar las percepciones de los sentidos. Al fin y al cabo, de eso se trata una buena ceremonia del té; de poder despertar sensaciones que no nos son accesibles en nuestro tránsito por el continuo e incesante impacto de estímulos al que nos somete la vida moderna. Hay cosas que sólo comienzan a resultarnos accesibles cuando encontramos la ocasión propicia donde detenernos.

Chez Pauline ofrece no sólo la ocasión, sino también el espacio y la invitación para que encontremos el tiempo perdido. Para los interesados en las degustaciones, periódicamente realizan este tipo de eventos. La última degustación de este año, dedicada al rooibos -exquisita infusión- se llevará a cabo el 30 de octubre, a partir de las 19.30 horas. El costo es de alrededor de $80. Pueden encontrar más información en su fan page de Facebook.

Algunos blends que recomiendo:

-Bouquet de Provence: té negro de Ceilan, flores de lavanda y almendras fileteadas.

-Genmaicha: té verde con arroz tostado y arroz inflado. La particularidad de este blend es que queda muy bien con un poco de sal, como si fuera un caldo. Si son aventureros gourmet, es una opción ideal.

-Cookies: té verde con galletitas de almendra y canela, piel de naranja y pizca de pimienta.

-Sueño de una noche de verano: mezcla de té verde, oolong y té negro con frambuesa, grosella y frutilla.

-Arabis Tuareg: té verde, té azul, pasas de uva, pétalos de caléndula, capullos de rosa, cáscara de naranja y  limón y el ingrediente clave, yogur (que le da un toque muy rico).

-Oro Maya: té negro con chocolate y pétalos de azafrán.

-En busca del tiempo perdido (guiño): té negro con grosella, baya negra, frambuesa y pétalos de hibisco.

Chez Pauline se encuentra en Juncal 1695. Horarios: lunes a viernes de 9 a 20 y sábados de 10 a 20 horas.

Un beso, hasta luego.

Toma un cántaro de vino

siéntate a la luz de la luna
y bebe pensando en que mañana
quizás la luna te busque inútilmente.
Así habló el poeta persa Omar Khayyam quien, entre otros muchos temas, habló bastante del vino. Quienes gusten de la poesía en general posiblemente lo conozcan y, si no es así, recomiendo que investiguen su obra.
Dijo también Omar:
Nuestro tesoro es el vino y nuestro palacio la taberna (…)
Se ve que los editores de la revista gourmet Cuisine&Vins leyeron a Khayyam alguna vez, ya que desde hace algunos años convierten al señorial Palacio Paz en una gran taberna durante tres noches, en ocasión de celebrar su tradicional exposición, más relacionada con los vinos que con la comida (a tono con el contenido de la publicación).
Mis padres fueron suscriptores de la revista prácticamente desde que fue fundada y en consecuencia la he leído desde niña, por lo que puedo dar fe de que años atrás era mucho más “cuisine” que “vins”. En esa época, todos los números venían con una especie de cuadernillo en papel rústico tipo madera donde se recomendaban restaurantes históricos como “Au bec fin” o “El gato que pesca” (lugares que no creo que ningún lector sub-40 conozca ni de nombre, salvo que esté en el mundo de la gastronomía). Por cierto no sé que clase de público tendría hoy en día un restaurante que se llamara como el segundo que mencioné.
Eran otras épocas, claro. En algún momento el vino comenzó a ser un negocio rentable y a ponerse de moda, por lo que la revista se fue orientando a esa temática. Si bien desde su origen las expos de C&V estuvieron más orientadas al vino que a los alimentos, cada año que voy noto que el tema culinario es algo cada vez más nominal.
Finalizada la exposición del 2011, escribo este post para animar a los interesados en el mundo del vino que nunca hayan ido a alguna exposición relacionada y deseen tener la experiencia de hacerlo. Y, de paso, para compartir algunos tips basados en mi experiencia de asistente desde hace varios años a este tipo de eventos, a saber: 
-Si además de tomárselo como una salida “after office” les interesa adentrarse en la cultura del vino, lo que recomiendo es que antes de ir consulten qué bodegas van a encontrar y se hagan una lista de los vinos que desean probar, ya sea porque se los recomendaron, porque leyeron algo en alguna revista, porque les gusta el nombre, etc. Considerando que en una expo se tiene la posibilidad de optar por un promedio de opciones no menor a 150, lo más recomendable para no ir a tontas y a locas (y terminar con un aspecto que se ajuste a ese adjetivo) es seleccionar de antemano lo que nos interese probar.
Dicho esto… recomiendo también dejar un par de opciones abiertas por si una vez en el lugar vemos algo que se nos haya escapado al hacer esa investigación previa.
-Si hacen esa lista, aunque sea mentalmente, tengan en cuenta que a las expos más “marketineras” las bodegas no llevan vinos de alta gama, entendiendo tales como aquellos que cotizan de $100 para arriba (que no necesariamente son “alta gama” en el sentido técnico, pero sí en el económico en nuestro país). En C&V, los vinos de ese tipo están reservados al salón de “alta gama”. Por otra parte, existe una exposición llamada Vinos de Lujo, a la que asistí y -en mi opinión- tampoco en ella hay muchos vinos propiamente “de lujo”, más allá de que varios de los que allí se puedan probar me puedan encantar en lo personal. Los vinos de real alta gama se presentan en otro tipo de circuitos, más reducidos y poco accesibles al público común del que formo parte.
-Para los que no estén acostumbrados a tomar, recomiendo no probar más de diez vinos… y, de todas maneras, lo más probable es que a quien no sea bebedor habitual de vino no le interese probar más que eso. Una posibilidad para pasarse un poco (o llegar bien a las 10 copas) es tomar sólo UN sorbo de cada copa; total 1) por lo general ya en el primer sorbo nos damos cuenta de si el vino nos gusta o no y 2) en cada stand lo habitual es que te enjuaguen la copa y se deshagan de cualquier resto de vino que haya en ella.
También se puede escupir lo que se prueba, una práctica muy habitual de los sommeliers… pero no muy apropiada para estas situaciones.
-Si bien en cada stand hay (o debería haber) galletitas de agua y/o rodajas de pan, jamás se fíen de esto y coman algo antes de ir (no mucho antes). Mezclar diversas clases de vino con el estómago vacío es lo peor que hay, es de sentido común pero no está de más recordarlo.
En C&V, por ejemplo, hay bandejeo de fiambres o calentitos -cosa que no ocurre en otras expos- pero la realidad es que cada año o es más pobre que el anterior en ese sentido o quizás lo que ocurre es que ciertos asistentes van más dispuestos a amortizar el costo de la entrada (o a comer de arriba si fueron invitados). Este año el grueso del catering estuvo a cargo de Almacén de Pizzas y juro que algún día quiero hacer un documental sobre cuan muertos de hambre parecen ciertos individuos que asisten a estos eventos. Creo que las escasas pizzas duraban cinco segundos en manos de las pobres camareras.
Así que repito: mejor comer en otro lado, antes y después.
-Si pueden, lleguen lo antes posible. Lo ideal es ni bien abran la expo. Después, el tumulto suele ser demasiado. Para disfrutar como se debe -salvo que les encante estar rodeados de gente- es mejor partir elegantemente cuando llega ese punto en que ya no se puede ni caminar.
-Para las mujeres que hagan caso omiso de esa recomendación y se les ocurra ir al baño digamos tipo nueve de la noche… ármense de paciencia porque probablemente se toparán con una fila de damiselas que no saben tomar (cosa que se advierte porque están hablando a los gritos con su vecina de fila y contándole todas las miserias de su vida). Al igual que con la comida: mejor ir al baño antes y después de ir a la expo, si es que se puede lograr.
Esta situación que describí depende mucho del lugar donde se haga la expo y del tipo de público. Pero suele pasar.
Y se pueden decir muchas cosas más, pero las dejaré para alguna próxima entrada.
Los interesados en asistir a este tipo de expos tienen una gran oportunidad cercana -además, gratuita-: el salón de vinos de altura organizado por la provincia de Salta que tendrá lugar el 28 y 29 de junio en el Marriott Plaza. Habrá que ver cómo está este año, pero asistí al primero (hace dos años) y me gustó mucho. Lo recomiendo especialmente para los amantes del torrontés, ya que es un evento ideal para dedicarse a esa cepa y probar las opciones de varias bodegas (muy diferentes entre sí). Las entradas se retiran en la casa de la provincia de Salta.
El 29 es mi cumpleaños y por mil motivos prefiero pasarlo fuera de Buenos Aires pero, si me encuentra aquí, qué mejor que pasarlo tomando unas buenas copitas de torrontés (que me encanta). Todavía no lo sé pero, si alguien va, allí nos veremos.
En un próximo post recreo el look de la noche en que asistí a la expo y se los muestro.
Y, también próximamente, escribiré un post sobre otro placer gourmet que ya sé que genera controversias entre las mujeres: los cigarros y habanos. Yo no fumo otra cosa que eso -jamás probé un cigarrillo común- y me parece interesante escribir un texto sobre ese tema.
Besos

Möoi & Moai

(o “todo tiene que ver con todo”)
Algunas personas que lean este post sabrán a qué hace referencia el título; otras no, así que vamos por partes:
Möoi:
Möoi es un bar-restó muy coqueto que se encuentra en Belgrano, ahí nomás de la famosa Iglesia Redonda y en la misma manzana de la también célebre “Casa del ángel”, que hoy en día es un edificio con un pequeño paseo de compras. En lo que a mí respecta, me encanta este bar y su decoración, perfectamente podría vivir en una casa así ambientada. Tanto me gusta que el año pasado quise celebrar mi cumpleaños allí… pero tenía ya agendado mi viaje al glaciar Perito Moreno – Torres del Paine – Puerto Natales, así que finalmente terminé cayendo en la triste realidad de que era una cosa o la otra.
Esta semana se cumplió un año de su inauguración y ayer algunas clientas fuimos invitadas a una degustación de té. En rigor de verdad, algunas clientas y un hombre, Christophe; las fans de la primera hora del canal Gourmet sabrán a quién me refiero: al cocinero francés histórico de ese canal, quien fue con su mujer, muy bonita y con mucho model style (alta y flaca). 
Degustamos:
-Té blanco Pai Mu Tan: muy suave y almibarado y -según dicen- el más antioxidante de todos. Si les interesa, este té lo pueden comprar (o probar) en Chez Pauline, donde por cierto también averigüé para festejar mi cumple… se nota que lo mío son las casas de té.
Además, les comento que el 12 de mayo se realiza allí una degustación de té, evento más que recomendado si les interesa el tema. Eso sí: cotiza nada despreciables $120, que se amortizan un poco ya que entregan algunos regalitos. Las hacen periódicamente.
Maridado con: biscottis de frutos secos.
-Té verde Gyokuro: si están acostumbrados al té verde tipo Taragüí (que por lo menos a mí no me gusta nada, me resulta muy fuerte y con gusto a cubito knorr) esto es nada que ver… mucho más suave y rico. Lo recomiendo fervorosamente. Se consigue en la casa de Japón y supongo que por el barrio chino en algún recoveco también.
Maridado con: lemon bars (en möoi las hacen moooy bien para mi gusto).
-Té negro Black Caramel de la reconocida marca chilena Zoe!. Muy muy rico si les gustan los tés dulces, este incluye -obviamente- caramelo y notas de vainilla y frutas secas. Tealosophy tiene un blend muy similar, el Frida’s Almond. 
Maridado con: shot de fundido de chocolate y delicia de frutos rojos (frutillas y frambuesas + crema y merengue).
-Y otro té negro versión Chai con canela y cardamomo, maridado con torta cremosa de chocolate.
Todo exquisito, realmente una tarde amable.
Retomo ahora la segunda parte del título,
Moai:
Esta semana definí que en octubre me voy unos días a ver los moai (parece que es así sin s) a la Isla de Pascua; en parte por eso (aunque no únicamente por eso) es que decidí reducir a cero las compras de ropa en esta temporada, dado que no es un viaje barato. Si bien ese destino no era mi primera opción, hace mucho tengo el sueño de conocerlo y estoy muy ilusionada con este viaje. Por supuesto, como corresponde a toda viajera obse, además ya tener los pasajes tengo todo mi itinerario prácticamente definido… pero si algun@ de los lector@s ha visitado ese lugar y quiere hacer algún aporte al respecto, será más que bienvenido.
Les dejo algunas fotos del salón del primer piso de  Möoi, donde se realizó el evento, y de mi look para esa tarde. Es una variante del navy look que presenté alguna vez en el comienzo de este blog:
-Jean rojo Vitamina
-Blazer azul con moño Forever 21
-Remera Blancanieves Ona Saez (me gusta la combinación rojo + azul + gris)
-Mis brazaletes plateados Indian Emporium 
-Aros Nina Piu (turquesa -aunque sea en un detalle- y gris también es una combinación que me gusta)
-No mostré zapatos porque no me había decidido al momento de las fotos… finalmente usé unos rojos.
-Y para introducir el ítem “Easter” salen unos huevitos de pascua Milka… no soy de comprar huevos en Pascua pero vi estos en Jumbo y los tomé como un elemento de decoración. Efímero, pero colorido.
Besos

High tea

Es muy injusto que este post no tenga fotos propias, porque se las merece. Pero se ve que a mi cerebro, en vacaciones, es mucho pedirle que se acuerde de llevar la cámara de fotos y que, además, se acuerde de llevarla memory card incluida, en lo posible.

Hace unos días, estando en Uruguay, fui a visitar (con cámara pero sin memory card) la nueva gestión de la casa de té Las Vertientes, ubicada en la zona de las sierras de la Ballena y originalmente fundada por los ex dueños del lugar, el matrimonio Neremberg. Hoy en día el propietario es otro, pero desde enero funciona nuevamente allí la casa de té. Para quienes conocieron la antigua gestión, las comparaciones son inevitables y es casi imposible no pensar a priori que nunca será lo mismo y que hacer la cosa más “pro” conduce sin escalas a una pérdida del encanto de la intimidad de antaño.

Sin embargo, a favor de la nueva gestión, debo decir que se nota que se ha invertido mucho tiempo y dedicación para lograr un entorno prolijo y elegante, donde se destaca la creación de una cava/ galería de arte en la que la curadora hizo un trabajo realmente notable. Los salones de la galería son mínimos pero creo que eso contribuye a darle calidez al ambiente. Si van, no hay manera de que dejen de pasar por allí ya que Oscar (o el host de turno) les hará el tour por todo el “casco gastronómico”.

Después, llegarán al salón de té propiamente dicho, dividido en dos salones, uno con más contacto hacia el exterior (donde se encuentran la barra y la cocina, a la vista) y otro cerrado, obviamente con gran ventanal frontal ya que la construcción se encuentra ubicada a una altura relativamente considerable -de ahí que lo del “high tea” sea literal- y tiene una excelente vista de las sierras y el campo. Si son amantes del verde como yo, es uno de los mejores lugares para sentarse a tomar un té. También está la opción de tomar el té afuera, pero el día en que fui el clima no daba para esas aventuras.

Lo que me resultó muy simpático es que cada mesa tiene un juego de té diferente, algo que parece que está cada vez más de moda en el ambiente gastronómico. La vajilla es realmente exquisita, ya me gustaría haberme traido el juego de té de mi mesa de souvenir. Los blends de té son argentinos y muy al estilo tea connection (aunque no son exactamente iguales). Arianita “Berton” recomienda medianoche en Beijing.

El servicio es muy correcto, aunque a mí me resultó un poco invasivo ya que cuando llegamos con mi acompañante (muy puntuales cual si hubiéramos sido citados a un 5’o clock tea british) no había NADIE y todo el mundo estaba pendiente de nosotros. Ocurre que el té es taaaaan abundante que todos van cuando la tarde cae, para hacer una especie de brunch nocturno y cerrar el día con esa comida.

Y ahí llegamos al alma de la cuestión, porque todo bien con el té, la vista y el servicio… que sin duda forman parte del mix de una experiencia global alegre y placentera, pero si la comida no marcha, todo lo demás de desluce. No fue el caso en este caso, donde todo era muy rico y con el sabor de lo casero. Lo único que no me gustó fueron las tortas, cuando fui había cinco y todas ellas eran del estilo mousse con mucha gelatina; no dudo que la materia prima era de buena calidad pero es una cuestión de texturas: no me gustan las tortas con esa consistencia.

Además de las mencionadas tortas, forman parte del menú buffet:
-tabla de fiambres,
-scones de queso,
-patés, panes y sandwiches varios,
-cupcakes y budines de varios sabores,
-alfajores de maicena y de chocolate,
-cookies,
-brownies
-y mieles surtidas de la zona.

Por otra parte, como apertura del té se sirve una tabla de pan de campo con una degustación de cuatro dulces, muy deli (mis favoritos: el de pera y el de higo).

Público: cuando fui, estaba mayoritariamente compuesto por grupos de amigas (más bien señoras estilo de las que juegan al bridge, pero también había un grupete de 6 chicas digamos de mi edad), una pareja vecina de la zona y varias parejas de turistas de esos que se deprimen sin nada que hacer viendo caer la lluvia en la punta y en un rapto de locura deciden incursionar tierra adentro.

Yo recomiendo el lugar para las siguientes situaciones:
1) hombres que quieran seducir a una chica gourmet, o a un chico ídem, por qué no. Eso sí: remember que aunque el lugar está alejado del mundo, la presencia constante del personal le quita intimidad a la cosa.
2) amigas que gusten de tomar el té (como muchas de las mías), sin importar su edad, y quieran parlotear como locas sin un hombre al lado que después de la segunda taza de té comience a mirar su reloj con (o sin) discreción.
3) y mi favorita, la elegida por varios de los vecinos top de la zona: celebrar un cumpleaños, o lo que sea, pero un cumpleaños me parece perfecto. Es simple: reservan el lugar, pongamos que desde Buenos Aires, chartean un vuelo ida/ vuelta en el día (o lo ideal: con ida en el atardecer de un día y vuelta en el mediodía del siguiente, total se puede dormir al regreso), y listo.

Por el contrario, si bien soy promotora de los viajes y paseos en solitario, no recomiendo el lugar para visitarlo en soledad. Me parece que la ceremonia del té en un lugar así se presta para el diálogo, más que para el silencio introspectivo.
Un highlight: el agua de las vertientes que sirven con el té, aunque los que han tomado el agua de cualquier lugar de la zona saben que es rica en general. Nada que envidiarles a las aguas minerales “gourmet”.
Precio: u$s 33 por persona.
Fotos: la próxima vez que vaya. A manera de ilustración, dos del sitio de Arte al Día (me gustaría poner los créditos de la foto pero no figura el nombre del fotógrafo)

Copas, popas y ropas

(o de cómo buscar rimas hasta en la sopa)
Tópico I: Copas
Hace muy poquitos días mi amiga Mati publicó en su blog un post acerca de regalos navideños, orientados a la moda y la cosmética. Aquí, desde mi humilde lugar -y como, lo asumo, si escucho la palabra “antioxidante” pienso en un vino antes que en una crema- les sugiero un par de regalitos de otro tipo, por si los invitan a una comida elegante o quieren agasajar a algún wine lover.
En uno de los típicos planes improvisados de mi vida, el viernes caí cual paracaidista en una cata de vinos de la bodega Colomé organizada en una pequeña y encantadora vinería llamada Wine Spirit (Chenaut 1912). Las chicas que llevan adelante esta propuesta son super amables y si quieren regalar un vino (nota: ya saben qué me pueden regalar para mi cumple), pueden consultarlas y ellas sabrán darles buenas opciones acordes al presupuesto que quieran invertir en su compra.
Tal como aclaré una vez, no es que recibo una caja de vino por decir esto, lo digo porque me gustó la atención que recibí. Si algún día me regalan la famosa caja de vino, no tendré problema en decirlo y, de paso, invitarlos a brindar conmigo por semejante acontecimiento.  
Este viernes probamos 1) el clásico torrontés típico de la bodega, 2) el Amalaya (otro vino emblema) 2009, y otros dos que les recomiendo MUCHO, a saber:
-el Amalaya Gran Corte 2009, vino que se produce anualmente seleccionando las mejores cepas y haciendo un blend que varía de año a año en función a qué tipos de uva se hayan dado mejor en ese período. Tal lo imaginable -más tratándose de un vino que en su mayoría se exporta- predomina el malbec, pero el sabor resultante es único y elegante. Cotiza $85 aprox. Es una excelente opción para llevar a una comida donde quieran lucirse, o para regalar a un gourmet open minded que sepa que existen otros vinos en la viña del señor aparte del malbec.
-Y mi favorito, una declaración remarcable si consideramos que no es que muero por esa cepa: el Malbec lote especial 2009, que acaba de salir al mercado en una partida muy limitada (doblemente limitada si consideramos que muchas botellas de esa partida se exportan) y por lo tanto a la brevedad será sólo un recuerdo en los estantes de las vinerías. Precio: $110. Un dinero, sí, pero si quieren hacer un regalo especial a un amante del malbec van a dejar una huella inolvidable (en el buen sentido, claro). Y si por el amor de Baco tienen la gracia de estar presentes al momento del descorche y de ser convidados con una copa, se van a olvidar del dolor en la billetera y sólo recordarán el buen momento.
También es una buena opción para aquellos grupetes que hacen una vaquita y compran distintos vinos para hacer una cata grupal. Por cierto, si alguien que está leyendo lo hace, que me avise, ya que me gustaría sumarme.

Tópico II: Popas
Y proas, claro, pero había que mantener la rima. Además, ok, las fotos que ilustran el post muestran la proa PERO la segunda fue tomada desde la popa. El yin y el yang, una vez más presentes en el escenario de la vida.
Estas dos fotos son un homenaje a mi última clase del curso de timonel, que fue este sábado. Además, como nunca mostré mi vestuario, les muestro las botitas de goma para que se imaginen el resto y vean que no les he mentido cuando dije que a bordo del barquito soy la antítesis de carla peterson en la campaña de Vitamina.
En la segunda foto, por su parte, se ve algo del vestuario de un compañero de clase, para reforzar el concepto de que no estamos para la producción fotográfica.

 

Tópico III: Ropa
La producción que faltó en el tópico II la aplico al tópico III que, si no fuera por el detalle de que no estoy copa en mano, resume a la casi perfección el espíritu de este post. Para subsanar ese detalle de composición, la copa en mano la tengo mientras estoy escribiendo esto (soy experta en teclear con una sola mano, es por eso que arranqué el 4 a la tarde y siendo ya 5 sigo escribiendo).  
Las fotos fueron sacadas en la rambla de pde durante mi última escapada uruguaya. Es un look similar al de la comida en Garzón porque el jean, la cartera y las botas son los mismos que usé ese día. Esta vez están combinados con:
-un top verde seco rasado arrugado, comprado en calle Córdoba, que mostraré en detalle otro día,
-pañuelo comprado en un negocio amado por mi amiga Katrynita, Giranda (reducto belgranense en la esquina de moldes y echeverría). Es italiano y enorrrrrme, tanto que se puede usar como vestido (largo). En breve publico la foto testigo. Precio: $100.
-y la campera de cuero fake que mostré hace poco.

Mi pobre mano tecleadora se acalambró, voy a darle descanso y terminar mi copa de vino (que lamentablemente no es el malbec lote especial). Besos 

EDITADO: se me había trastocado “lote” por “corte”. El segundo vino del que hablé es el LOTE especial. Corregido está.

Almorzando con Francis Mallmann

(y con unos cuantos cientos de personas más, como se puede deducir a partir de las fotos).
Creo que aun cuando todavía no se había anunciado oficialmente el tema del Punta Food & Wine, yo ya tenía mi entrada para el evento el 27 en Garzón. Bueno, no fue tan así, pero desde que me enteré sabía que aunque ese día me surgieran mil compromisos y actividades en Buenos Aires, me las arreglaría para estar en Uruguay y disfrutar de esa comida.
Y, aunque no fue del todo fácil, así ocurrió. Y para inmortalizar el momento, un fotógrafo me retrató con una super cámara, así que si alguien me ve en las caras uruguaya, que me chifle.
Ese sábado -algo nublado y muy caluroso- salimos con mi acompañante desde otro punto del departamento de Maldonado y llegamos muy puntuales a Garzón. Si bien cuando llegamos ya había varias personas en la plaza del pueblo (el típico lugar donde se realizan los eventos importantes en zonas rurales), la puntualidad nos permitió ver de cerca la cocina de la cocina. Por ejemplo, a Francis y sus ayudantes sacando la tierra que cubría el curanto de hortalizas, uno de los siete platos del menú.

Por otra parte, la puntualidad no nos sirvió para ser los primeros en probar todo ya que se cumplió el principio culinario que establece que la comida no debe esperar a los invitados, sino los invitados a la comida… y, a juzgar por los sabores resultantes, estuvo bien que así fuera.
El menú se abrió con los salmones al infiernillo, deliciosos en su costra de sal. De acuerdo a todos los comentarios que escuché (y escuché varios dado que circulé bastante), fue uno de los platos top en las preferencias de los asistentes.

Yo llegué a la primera tanda, pero hubo otra vuelta más tarde porque TODOS sin excepción (aun los que no eran fans del pescado) querían probar ese salmón.
Un rato más tarde estuvieron listos los ojos de bife, entrañas, chorizos y morcillas a la parrilla, con salsas varias. Aquí uno de los cocineros en acción:


Nosotros nos mandamos un buen choripán (y, por supuesto, le hicimos honor al ojo de bife también).
Y, luego de esas carnes, llegó el cordero a la vara, acompañado de ensalada de lechuga, tomate y cebolla morada.

Para ese momento ya estaba listo otro de los platos, las deliciosas calabazas al rescoldo con queso de cabra y aceite de menta. Y, por supuesto, el curanto de papas, remolachas, zanahorias, cebollas y boniatos.
Había también variedad de panes caseros y stands de varias bodegas uruguayas. Yo tomé, por ejemplo, tannat viejo Stagnari (un clásico), merlot y tannat-viognier de Altos de la Ballena, tannat Ariano (siempre me llamó la atención el nombre de ese vino, tal lo imaginable) y tannat reserva Pizzorno. Sí: mucho tannat, claro. Creo que al día de hoy sigue siendo la mejor opción en Uruguay, aunque se van notando los avances de muchas bodegas en su producción.
Y, por supuesto, también tomé mucha Salus. Entre el calor del día, el de la gente y el de los seven fires, o tomabas mucha agua o te deshidratabas.
Volviendo a la comida, si bien había algunas mesas y sillas, la cantidad de asistentes excedía con creces la disponibilidad de aquellas, de manera que muchas personas lo resolvieron sentándose en la fuente y el monumento principal de la plaza o bien -muy en el tono del espíritu informal del convite- haciendo picnic sobre el pasto.

Como no podía ser de otra manera tratándose de un festejo, la música estuvo presente. Mi acompañante me dijo (debo reconocer que yo estaba concentrada en la comida) que las bandas fueron dos: una interpretó folklore y la otra tango.

Finalmente llegó el GRAN momento de la jornada, el postre: duraznos y ciruelas a la plancha, servidos con queso mascarpone. MUY exquisito: si nunca lo probaron, recomiendo que lo hagan en sus casas. Sólo hace falta buena fruta (obvio), manteca, azúcar y algún licor de su preferencia. Nótese que Francis, muy coqueto, ya había hecho un cambio de ropa.

La cantidad de humo era directamente proporcional a la deliciosidad del postre. Y sí: es algo que se presta para hacer al aire libre.
Después de todo eso, te podías tomar el cafecito espresso (había también stand de Johnnie Walker pero a esa altura de la journée ya habían levantado campamento). Tratándose de una comida en tierras uruguayas, yo hubiera puesto un stand yerbatero también, daba para tomarse unos matecitos antes de partir. Ok: hacía muuuucho calor, pero… el verdadero matero lo toma sin importar el clima.
A eso de las 16 la gente comenzó a partir y un rato antes de las 17 (casi que nos quedamos para lavar los platos) hicimos lo propio para ir a dar la caminata digestiva por josé ignacio. Aquí, una postal de esa hora y la tranquilidad del pueblo:
Por supuesto, tengo varias fotos más que hoy publicaré en FB, así que quedan invitados a verlas. Y si el año que viene esto se repite y tienen chance de ir, se los recomiendo.
Besos,
a

Brindis de inicio

Clavándome (perdón, degustando) una copa de malbec patagónico empiezo este blog.
Y justamente de eso trata esta entrada: de la edición 2010 de Vinos de Lujo, esta vez auspiciada por la revista El Conocedor y con sede en el Hotel Alvear, en los salones donde altri tempi hacía sus expo -mejores que las de ahora, a mi criterio- la revista Cuisine & Vins. Hacia allí pues partí, como es de suponer (con una persona que me hizo la segunda, ya que aunque una tiene cultura alcohólica nunca se sabe y es mejor ir con alguien que tome menos y que en el peor de los casos vaya de acompañante en la ambulancia).
Tal lo imaginable: había muuuucha gente. Consejo para los que nunca fueron a este tipo de expos: caigan ni bien se anuncia la largada. A las dos horas aprox. llega un momento en que la cosa se hace insostenible y ya no sabés si tomaste de más y no tenés conciencia de tus pies o si simplemente es que te está llevando la marea humana.
Para comenzar, es bueno aclarar que “de lujo” es una calificación que sólo resulta aceptable en el contexto, ya que no estamos hablando de vinos de alta gama real, sino -en promedio- de vinos de un valor equivalente al doble de la gama más típica que venden todos los super y que se toman en el asado familiar, por poner un ejemplo de situación.
Una de las notas de color de estos eventos es chusmear un rato y detectar a la fauna farandulera local. Asumo que los días potentes en ese aspecto fueron el lunes y el martes (de inauguración para invitados especiales) y el viernes sólo vi a Guillermo López (= el pelado de CQC), Fierita y otro que ahora está de panelista en Zapping y no me acuerdo el nombre. Del ambiente gourmet vi a Osvaldo Gross, Inés de los Santos (bartender muy famosa) y por supuesto a Fabricio Portelli que es la cara visible de El Conocedor. También vi a dos personas que son famosas para mí porque trabajan dentro de una empresa que conozco bien (obviamente, conservaré sus nombres en el más oscuro anonimato). Y posiblemente me debo haber cruzado a más gente que conozco, cada tanto veía caras que me resultaban familiares, pero no podía descifrar de dónde. Ya nos cruzaremos en otra expo y quizás me haya acordado para ese momento.
El público de a pie como yo da para un análisis sociológico muy interesante, lo recomiendo a chicas y chicos de Sociales (UBA por supuesto) que quieran hacer un estudio de campo en ese rubro. Es un poco lo que -humildemente- hago cada vez que voy, y voy desde hace varios años a este tipo de after office hoteleros. Es notable ver cómo año a año crece la cantidad de mujeres (persona que me acompañaba señaló que muchas van de levante… yo soy más piadosa y pienso que a muchas les gusta el vino, aunque no sepan tomar) y también la cantidad de hombres a los que aplica el mismo comentario que para las mujeres.
Algunos stands que visité y recuerdo (no fui tan prolija de llevar libretita y tengo capacidad para probar mucho):
-Domingo (tradicional bodega salteña), cuyo vino más reconocido es el torrontés Finca de Domingo, del que hoy en día existen tres variedades: 1) el tradicional joven sin paso por barrica, 2) otro con paso por barrica y 3) la versión tardía. Probé 1 y 2, sigo prefiriendo la 1.
-Colomé, que también cuenta entre sus stars al torrontés y al vino de corte Amalaya, que por supuesto he probado en otras ocasiones. Probé ambos, sólo para ver si mantenían la calidad. Sí.
-Codorniú, donde -como me encanta el María- probé el reserva. Aprobado.
-Atamisque, de capitales franceses a cuyo gerente conocí en el Sofitel Arroyo en el marco de la semana francesa. La verdad (y lamentablemente no recibo una caja de malbec por decir esto) me gustaron todos los vinos que probé de la bodega.
-Palau (agua mineral salteña) donde unos muy chispines Guillermo López y Fierita se pusieron a hablar con la persona que me acompañaba (que no mira tele y ni sabía con quiénes estaba hablando). Es un agua muy rica y me enteré de que la venden en el local de Palau que está por el downtown.
-Paladini: thumbs down, a ese stand y a todo el costado “gastronómico” de la expo, que fue deprimente. Menos 10. Pequeña digresión: no le pueden dar de probar cantidad de vinos a personas que en algunos casos no tienen la resistencia suficiente sin poner a su disposición la posibilidad de comer algo entre copas. Los que hacen este tipo de expos deberían conocer al detalle al público que concurre a estos eventos. Algunos saben tomar, otros no. Y se nota.
-Bodegas del Desierto: la primera y única bodega de La Pampa, muy reciente y los vinos lo delatan. No son deslumbrantes, pero hay que ponerle una ficha, darle unos añitos y volver a probar.
-Altos Las Hormigas: probé un malbec reserva que mucho no me gustó.
-Finca La Amalia: otro malbec que tampoco me fascinó.
-Rossel Boher: bodega más conocida por sus “espumantes” (palabra que detesto) pero probé el merlot 2006 Casa Boher y me encantó. Cabe aclarar que mis vinos favoritos son el syrah y el merlot en ese orden y cuesta encontrar un merlot que le haga honor a su nombre. Este, a mi juicio, cumplió ese requisito con creces.
-Salentein: probé el malbec reserva, no estaba mal, pero me gustan más otros.
-Universo Austral: probé un carmenere que debe ser el vino con más gusto a pasto que probé en mi vida.
-Finca Flichman: ahí había varios interesantes y elegí el postales de tupungato, no es un vino para andar comprando todos los días en el chino de acá a la vuelta dado su precio, pero estaba muy rico con m de mucho.
Next stop (etílica): la feria de espumantes organizada por revista joy a realizarse 11, 12 y 13 de noviembre en el hotel Panamericano. No tengo quorum hasta el momento, pero me animo a ir sola, así que allí estaré, posiblemente el sábado. Si el 14 no hay señales de mí… bueno, por las dudas les dejo un beso a todos.
Recuérdenme con cariño.