Je suis une enfant

No tuve adolescencia (en mi humilde opinión) y tampoco tengo la vida convencional de una mujer de treinta y algo: nunca me sentí “joven”, tampoco me siento “joven adulta”. Sí tuve infancia, ciertamente no del todo feliz, pero alguna vez fui niña y -aunque sea por momentos- me olvidaba del universo y entraba al mundo del juego y el ensueño.

Por un gran conjunto de circunstancias, soy una mezcla de niña y vieja… quizás más niña que ninguna otra cosa. Posiblemente sea por eso que, aun con mis 33 años a cuestas, me llamen la atención la ropa y los accesorios con alguna connotación que me remita a la infancia. Y, hasta hace algunos años, usaba bastantes accesorios “aniñados”.

Hoy en día, y aunque mi vestuario es muuuy personal, estoy bastante más sobria. Pero hace un par de semanas vi un collar hecho por mi amiga Eve (una genia de la moda y los accesorios home made) y, además de que a priori me gustó la combinación cromática -es obvio que soy fan del color en los accesorios-, la niña que hay en mí dijo “tiene que ser mío”.
Es un collar hecho con muchos juguetitos de colores: gracias Eve por incluir el bote y el velero… lo tomo como una manera de decirle al universo que espero que me mande algún barquito a través del mar. Además, tiene de todo; por caso, un rallador de verduras y frutas (la manzana rallada con ddl era uno de los típicos postres de mi infancia) y un cortante de galletitas con forma de estrella (eso de hacer cookies era una actividad habitual en mi niñez: jugaba mucho a ser cocinera). Hasta tiene un pequeño peine, cosa de poder retocar el peinadete en todos lados.
Como quería que el collar fuera protagonista, no usé aros, pulseras ni anillos, y me lo puse sobre el fondo blanco de un vestido camisero Wanama comprado hace un año.

Besos

PS. Finalmente, para el casamiento del sábado, usé el vestido animal print + las sandalias verdes.