1. El eterno retorno (3.0)

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Mi primer día de trabajo en Uruguay, la primera vez que viví allí, fue en febrero.

Nunca podré olvidar que llegué sin alojamiento (era la semana de carnaval, que rivaliza cabeza a cabeza con la de “turismo” en ese país).

Recuerdo como si hubiera sido ayer llegar Tres Cruces –mi no tan querida terminal de micros de Montevideo aunque concedo que, puestos a elegir, la prefiero a Retiro-  un domingo y tener que empezar a trabajar un lunes, sin alojamiento alguno para dormir.

Recuerdo estar en el cyber de Tres Cruces preguntando a los escasos conocidos que tenía en ese entonces si disponían de una cama y recuerdo no tener disponible en mi tarjeta de crédito (solo tenía una, al igual que ahora – detesto las tarjetas de crédito, aunque en el mundo capitalista sean un mal necesario). Malas condiciones para alquilar una habitación pero al día de hoy sigo creyendo que más por causalidad que por casualidad, un hostel de Ciudad Vieja se apiadó de mí y me dio una cama, por dos días.

Recordaré, siempre recordaré, que comencé a trabajar un lunes de carnaval y solo conseguí un taxi para viajar (imposible ver un colectivo), que me llevó a través de una ciudad fantasma y, por ese entonces, desconocida. Poco podría imaginar en ese momento que la tendría que patear desde sus alturas –el popular y temido Cerro- hasta los suburbios más distantes a los coquetos Pocitos y Punta Carretas.

Imposible olvidar el recuerdo pregnante y acaso metafórico de la rata que se cruzó frente a mí en aquel primer lugar donde trabajaría. Ratas que descubriría luego también, nobleza obliga, en el monono Punta Carretas, que para mí no podrá dejar de ser nunca Punta Carratas. Y ratas que, por supuesto, son habitantes vitalicias de Punta del Este.

Recuerdo que al tercer día de esa primera vez en Montevideo, ya sin alojamiento, me alojó en una mansión de Carrasco una mujer de apellido tradicional de ese lado del río a la que recurrí como última opción, ya que la había conocido en el TEDx Montevideo 2012 y, estando juntas en la fila, nos sentamos juntas en un palco de Teatro Solís y escuchó toda mi letanía de lo mucho que quería vivir en Uruguay. Intercambiamos datos y terminé en un lugar que de ninguna manera hubiera podido pagar en ese momento.

Un par de días después fui a dar a un hostel cercano a mi trabajo pero sin un peso para pagarlo. Me permitieron saldar mi deuda cuando cobrara mi primer sueldo. El hostel era un desastre, pero siempre agradeceré ese gesto.

Claro, era Montevideo. Y, al fin y al cabo, eran otras épocas. Y también yo era distinta.

Hoy, febrero de 2018, con un Uruguay inundado de argentinos – a diferencia de lo que ocurría en esos moamentos- las cosas cambian. Puedo tener residencia permanente, puedo tener cédula uruguaya (ya no la verde, la que tiene chip), puedo tener conocidos e incluso amigos. Pero el tema alojamiento resulta bastante más complicado que en ese ahora lejano 2013, cuando no éramos tantos los argentinos que nos animábamos a Uruguay.

En medio de la incertidumbre de encontrar alojamiento, en medio de la incertidumbre de reunir la plata para el depósito para alquilar un apartamento hasta diciembre en Punta del Este, solo tengo una certeza que me da satisfacción y que diría es la única que tiene la potencia suficiente para marcar una diferencia entre los cinco años que separan aquella primera vez de este intento detrás del cual mucha agua ha corrido en ese río que separa ambas orillas. Tanto en lo material como en lo simbólico.

Esa modesta y a la vez valiosa de la certeza es la de que todos los uruguayos que conocí en mi camino fernandino hayan respondido mis mensajes de esta segunda vuelta a Uruguay. Para ayudarme o para desearme buena suerte con ese cariño que te hace pensar en que alguna vez, en alguna interacción que tal vez olvidaste, les causaste una buena impresión. Esa que les hizo tomarse el tiempo –el bien más preciado que tenemos- para responderte-.

Puedo tener muchas dudas en este regreso a Uruguay. Pero esa, mi única certeza, me genera una satisfacción que nada de lo que pueda suceder en este retorno podrá borrar.

 

 

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