11 (2.0). Pas encore

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-Vamos a bailar a lo del vecino

dice otra rubia, europea -muy bella- el 1 de enero del 2015, unas cuatro horas después de la medianoche que separó un año (lleno de tachaduras y anotaciones al margen) de otro que aún ni siquiera califica como hoja en blanco.

El vecino tiene una bruta casa y una banda en vivo, pero no.

Es el segundo año consecutivo que me toca recibir en mi amada Punta del Este. Y, coincidencias o no, este concluye a muy pocos kilómetros del lugar en el que lo recibí cuando nació, con el mar casi mojándome los pies como el año pasado, y con un grupo de personas que en su casi totalidad me eran desconocidas hasta hace unas horas.

Igual que el año pasado.

Es llamativo cómo se repiten ciertas experiencias en las que la vida -tal vez para no resultarnos aburrida y predecible- cambia el escenario, pero mantiene la escaleta del guión. Como esperando que descifremos ese mensaje oculto que se repetirá una y otra vez hasta que logremos interpretarlo.

Sólo que esta vez no estoy trabajando y mi hermano se encuentra en una quinta, a muchos kilómetros de distancia. Pasándola mucho mejor que el año pasado, espero. Por lo menos sin tener que caminar kilómetros en la oscuridad solo y esperar horas en una terminal vacía. Cada vez que revivo ese momento y me pongo en su lugar, se me siguen llenando los ojos de lágrimas por la impotencia de no haberlo podido ayudar y hacer un poco más agradable esa experiencia oscura y triste.

……………………….

Sentada en el muelle de Mailhos, miro hacia ese mar donde espero que se disuelvan mis cenizas el día en que todas mis hojas, las escritas y las que queden en blanco con finales abiertos, se desintegren.

Pienso en que debo calificar, no en el top ten (dejemos esos puestos para personas que me superen ampliamente en edad y vida en estas costas) pero sí entre las cien personas que, estando en este momento en Punta del Este, más aman esta ciudad.

He tenido lo mejor de este lugar servido en bandeja y he tenido que escarbar debajo de la alfombra para rescatar las sobras de esa bandeja. Y en todas las situaciones posibles sigo amando esta ciudad donde lo más bello es aquello que no se puede comprar, graciosa paradoja para un sitio donde todo parece estar en (costosa) oferta. Incluso las personas.

Quizá porque fue aquí donde viví muchos de los momentos más intensos de mi vida. Los más felices y los más infelices también. He abierto ciclos y los he cerrado. Y fue aquí donde transcurrió el prólogo de este blog. Un prólogo jamás escrito, pero que en poco más de treinta días acumuló historias con las que podría publicar un libro, pero no.

Todavía no me convertí en esa mercenaria de la literatura que vende hasta el último retazo de su privacidad al mejor postor. Me sigo quedando con mis secretos y con esas historias que tal vez se disuelvan en el mar conmigo, algún día.

……………

No traje (lo que queda de) mi computadora, por eso no estoy escribiendo. Estaba trabajando en el este, ya no. Estoy en la búsqueda laboral y definiendo mi fecha de regreso a Montevideo de acuerdo a cómo se presente el panorama en los próximos días.

Tal lo esperable para un alma nómade, he andado de playa en playa, desde Bikini hasta mi querida Chihuahua, que tantas horas de sol y bellos atardeceres me ha dado el año pasado.

Además de representar dos extremos imaginarios en un largo recorrido de kilómetros, ambas playas tienen dos perfiles sociológicos bien diferentes. Bikini es un viaje de egresados donde todavía hay mucho por conocer; Chihuahua es un viaje de vuelta donde ya nada nos sorprende demasiado. Y diría que, si te sorprende, es que no estás en el lugar correcto.

Como -después de todo- las almas nómades tenemos algo de esos dos perfiles disímiles, yo me siento cómoda en ambas playas, pero a nivel literario Chihuahua es mucho más rica. Casi no existe vez en la que haya ido y no haya encontrado alguna historia digna de ser contada. Es un lugar donde las mujeres solas llaman la atención, y ese es el punto de partida de muchas experiencias y reflexiones.

Algún día le tengo que dedicar un post completo a Chihuahua.

Otra de las teorías que van tomando forma en mi existencia peregrina es que la vida nos va llevando a los lugares acerca de los cuales quiere que escribamos, porque las historias latentes en esos lugares están -de alguna manera cuántica- en sintonía con nuestra propia historia, en un momento dado. No somos nosotros quienes elegimos un lugar. El lugar nos elige a nosotros, porque quiere que expresemos su alma, de la forma en que tengamos capacidad para hacerlo.

………………

Uruguay es una prueba de crecimiento personal, un lugar para curar heridas de la niñez, no para echar raíces hacia la prosperidad.

Y NO hay hombres,

me dice la encantadora rubia del comienzo del post.

Y casi podría dar fe de todo lo que dice.

Y hacer las valijas e irme hacia otro lugar (jamás Buenos Aires).

Pero no.

(todavía)

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