5 (2.0). B-Side

10789_nacionales

Estoy sentada con mi amiga V. (la editora) en el Starbucks de Cabildo y Olleros. Recuerdo con una sonrisa ingenua una reflexión hecha en un post de un viejo blog (ese que sale acá como “Historias de mi prehistoria”) acerca de lo raro que era que en Buenos Aires no hubiera Starbucks y que, de haber tenido la tarasca, yo misma hubiera traído la franquicia.

Se podría hacer la misma reflexión acerca de Uruguay. Pero preferible que todo siga como está.

Las historias –propias y ajenas- que contamos conducen a V. a traer a colación una teoría de su cosecha: personas como nosotras nos la pasamos haciendo cosas y cultivando intereses porque sentimos que estamos en falta con ese mundo de talentosos que nos dan una palmadita en la espalda y nos dicen “Querida (querida), seguí participando, que algún día te va a tocar la tapita ganadora”.

Ellos levantan su copa de Coca Cola y brindan constantemente en el lado A de la vida mientras nosotras estamos en el lado B buscando la fórmula de la Coca Cola. Ya lo dije desde el primer post de esta versión literaria 2.0 de mi vida en Uruguay.

¿Seríamos más felices en el lado A?

Pero el secreto de la vida –dice un libro de Andy Freire que me leí de parada en el Yenny del Solar de la Abadía, en Buenos Aires- no reside en tener la respuesta certera, sino en hacer la pregunta justa.

Ya lo había leído antes, en algún otro lugar. O es una teoría perpetuada por gente que nunca tiene la respuesta, o efectivamente es la posta de la existencia.

……………….

Ninguna de esas preguntas, ni de sus posibles –y acaso interesantes- respuestas importan en ese instante en que el llanto es inminente y ya no hay manera de detenerlo.

Muchos taxistas me han visto llorar en sus travesías y menos mal que ninguno de ellos resultó ser un Arjona, porque tiemblo sólo de pensar en el tema que podría haber escrito. De haber sido ese el caso, hubiera preferido arrojarme del taxi cual Solita Silveyra en Rolando Rivas taxista antes que escuchar esa canción por la radio.

El día antes de regresar a Montevideo iba sola en un taxi por avenida Libertador, a la madrugada, en una Buenos Aires calma, fría e impasible.

Quince minutos antes de ese momento estaba en un ascensor abrazada a una persona como si a partir del momento en que nos separáramos todo a mi alrededor fuera a derrumbarse.

Eso no sucedió, pero apartarme de ese abrazo fue como destruir la compuerta represora de miles de emociones que, como las canciones del lado B, están ahí, pero nadie las escucha.

A veces soy tan coherente con mis propias teorías que, de hecho, mi llanto fue silencioso.

……………

No hay nada que te haga recordar más lo sola que estás en el mundo que apostar a un proyecto que implique jugarse todo lo que tenés, y un poco más también. Lo viví muchas veces el año pasado, y lo vivo hoy, por supuesto en un contexto diferente.

El mundo que te rodea te puede apoyar, te puede sonreír, te puede dar la palmadita en la espalda y convidarte un sorbo de su copa de Coca Cola, te puede felicitar. Pero ellos son los oyentes y uno, el disco.

Y la vida del disco sólo se activa cuando gira (y por azares del destino mientras escribo esta frase suena en la radio Bob Dylan con Like a Rolling Stone). Y por lo general un disco no gira sólo una vez; gira mil veces y –puede decirse- su vida acaba cuando deja de girar.

No es sólo que en el lado B estén esas canciones que no son comerciales, o que se vean opacas frente al brillo del lado A. Es que sabemos que, aunque multitud de personas las escuchen más tarde o más temprano, sólo unos pocos podrán comprender y percibir toda la carga expresiva que se esconde detrás de letras y melodías que a veces parecen engañosamente armónicas.

En mi caso, esos pocos –casi en su totalidad- o no están a mi alrededor o ya ni siquiera están en este mundo.

Es la infinita soledad de un lado B sin auditorio.

……………..

Hoy en día hay una suerte de moda del lado B, un reconocimiento de que hay mucho más en un proceso que aquello que se muestra en un primer plano. Pero, salvo contadas excepciones, mucho de lo que escucho en ese sentido me sigue dando la impresión de estar impostado porque (claro) las zonas oscuras que se revelan cuando se va corriendo el telón no hacen otra cosa que darle más realce a lo que está en el centro del escenario.

Pero todo sigue ocurriendo sobre las tablas, peinado, maquillado y ataviado para el público que –en el fondo- sólo proyecta sus propias historias y busca la identificación o el más completo antagonismo según las fibras que le toque la puesta en escena.

Mientras que los que algo conocemos de destripar historias sabemos que el verdadero lado B es aquel de las tramoyas, aquel que discurre entre cajas, aquel de lo que nunca se contaría por fuera de ese ámbito.

Suena el lado A en el guión de mi obra personal pero, mientras los espectadores lo escuchan, el pulso del lado B late, inaudible pero inseparable de lo audible, en cada una de sus notas.

…………

POSTDATAS DEL LADO A:

1) Hoy cumple 4 meses la adorable gatita de la casa, Frida.

2) A los que aún no lo hayan hecho, los invito a visitar la página del emprendimiento que comparto con mi amiga Pato: Carrasco Cadillal. Son zapatos hechos con amor, como Feliz Domingo (guiño a los argentinos de mi generación).

3) A los que me piden consejos para la radicación en Uruguay, todo se resume en una máxima: tramiten el documento ni bien lleguen. Eso les va a simplificar mucho TODO. Investiguen en sus países de origen y en la página del Ministerio de Interior y vengan provistos de todos los papeles necesarios (y alguno más también, por las dudas).

4) Junto a, además de, no relevante para una determinada cuestión, en estado de extrema agitación; algunas de las acepciones de la palabra “beside” (la hermana fonética, claro, de B-side).

LA POLISEMIA del lenguaje, que a veces –como yo- guarda, para sorpresa de muchos, tanta coherencia interna.

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