98. May I rest

party's over

party’s over

Es primero de mayo, un día gris y frío.

Estoy sentada en un Cot que tal parece que tiene la misión de recorrer cada ciudad del mapa antes de llegar a Montevideo. Yo lo tomé en Solanas así que, por lo menos, evité parte de ese recorrido por los mil pueblos uruguayos.

Temas del servicio de día feriado, claro (un feriado por añadidura MUY respetado en este país). Debo dar gracias porque, justamente por la existencia de ese servicio, pude pasar unas horas en Punta del Este y regresar a tiempo a Montevideo.

A la altura de Piriápolis miro por la ventanilla. Estamos pasando por la rambla y el mar se agita en todo su esplendor. Aburrida por la eternidad del trayecto que ya recorrí y aquel que sé que me falta transitar, me conecto a internet con el teléfono. Tengo una publicación inesperada –que es, de alguna manera, una demostración de cariño e interés por mis peripecias uruguayas- en mi muro de Facebook. Y una respuesta muy amable a un mail donde le comunico a una persona que me es casi desconocida una decisión que vengo de tomar y que de alguna manera la involucra. Por eso me sentí en el deber de notificársela.

Unas horas después, llego a Montevideo. Dejo mi reducido equipaje, como algo, me retoco el maquillaje y parto a ese lugar donde nunca supe lo que es tener un respiro.

…………………

Es tres de mayo, un día gris y frío.

Estoy sentada en una cocina donde tal parece que cada persona que ingresa tiene una misión clave que lograr antes de que llegue la tarde. Yo no participo en el festejo para el que están ultimando detalles así que, por lo menos, evito tomar parte en esas corridas de último momento.

Temas de la celebración de un cumpleaños infantil, claro. Que, por añadidura, es la última gran reunión que vivirá C. –la niña del apartamento, que es la cumpleañera- en Uruguay al menos durante los próximos meses, ya que a principios de julio se mudará a Ecuador por tiempo indefinido.

A eso de las cinco de la tarde, cuando el bullicio ya ha comenzado, miro las siluetas de niños y animadores a través de las cortinas de mi ventana. Aunque no pudiera verlos, su presencia no pasa inadvertida: es el griterío desaforado en su apogeo; todo el mundo desde acá hasta Bulevar España se enteró de que hay una niña llamada C. que está cumpliendo siete años. Los invitados gritan cualquier cosa, desde sus nombres hasta las canciones que cantan en el Liceo Francés pasando por cánticos de apoyo a su equipo preferido.  Hay un bando de Peñarol (que copa la parada), otro de Nacional y un par de criaturas descolgadas que hinchan por el Paris Saint-Germain.

…………………..

Entre el 1 de mayo que abre el texto y el 3 de mayo que lo sucede no han pasado dos días, sino 367.

El 1 de mayo del año pasado tenía dos trabajos; este año, ninguno.

El 1 de mayo del año pasado tenía ese Samsung Star blanco en el que leía la publicación en mi muro de Facebook y la respuesta a mi mail. Tres días después de ese momento, el celular me sería hurtado de la cartera que un día antes de ese 1 de mayo había comprado en el local de La Compañía del Oriente de Tres Cruces. Y que hoy, como conté en “Yo nunca”, está en desuso y yace arrumbada en mi espacio del placard de un pasillo del apartamento, como triste y descolorido cementerio de papeles y de sus propios momentos de gloria.

Aquella publicación del muro del 1 de mayo del año pasado hoy no podría repetirse porque ya no soy la aventurera  que recién comienza a luchar y como tal genera simpatía, adhesión y por sobre todo curiosidad por doquier. No, ya no soy eso. Ahora soy sólo una expatriada más, con prescindencia de que me tenga que ir de este país.

Tampoco podría repetirse ese intercambio amable de mi mail y su respuesta, porque mucha agua ha corrido bajo ese puente; tanta, que esa construcción quedó inutilizable.

Y, ciertamente, en este primer día de mayo no había maquillaje que retocar en mi cara ni trabajo nocturno al que ir.

Tampoco hubiera podido ir a ese lugar al que fui en aquel 1 de mayo del año pasado. Al menos, no este fin de semana.

…………………………

El olor de las hamburguesas –que han pasado a mejor vida- quedó flotando en la terraza que me rodea. En mi situación es un hecho cruel percibirlo, como sabrá cualquiera que haya pasado hambre alguna vez.

Aunque supongo que después, en algún momento, seré convidada con un pedazo de torta. En una de esas.

Los animadores se fueron y con ellos su método de liberación creativa y expresión catártica. En su reemplazo llegó el chico de los inflables, que pertenece a la escuela opuesta. “Amiga, esperá, no pueden subir más de cuatro a la vez”, “Amigo, bajá un cambio”, y otras variantes sin demasiado vuelo metafórico son las frases que escucho con continuidad a través de mi ventana, que está cerrada pero deja pasar esos sonidos como si estuviera abierta de par en par.

Y los niños, por supuesto, hacen lo que quieren.

Yo ya no puedo hacer lo que quiero, tengo que hacer lo que debo o, bajado a un nivel más práctico, lo que puedo.

………………….

En unos días, y espero que sólo sea un regreso pasajero, vuelvo a Buenos Aires. Salvo que consiguiera trabajo hasta el día de mi regreso inclusive pero, en este momento, no lo veo factible porque falta muy poco para que eso ocurra.

La delgada línea que separa aquello que para mí sería un hecho trágico de un hecho un poco más tolerable está tejida con dos hilos: la posibilidad de que mi amigo J. se mude y me dé asilo gratuito en su hogar en un futuro espero muy cercano, mientras busco –y consigo- trabajo. Y la necesidad de ir a mi ciudad natal para hacer una investigación de campo en función de un proyecto laboral propio.

Es claro que sólo desearía viajar por unos pocos días y sólo por el motivo encarnado en ese segundo hilo.  Pero no sé por cuánto tiempo se extenderá mi regreso. Ilusorio, porque ya se sabe que creo en que de ningún viaje se vuelve.

Al momento todo indica que

unas horas después de escribir este post, me iré de Montevideo. Repartiré por donde pueda el numeroso equipaje que fui trayendo en sucesivos viajes, no tendré comida de despedida salvo que me procure un dinero que aún no tengo para hacerla, me retocaré una máscara de pestañas que aunque sea a prueba de agua se correrá.

Y partiré a ese lugar en el que la vida me obliga a tomar un respiro a la fuerza.

Será un día de mayo gris y frío.

Anuncios

Un pensamiento en “98. May I rest

  1. 98. May I rest | Noticias de mi Tierra

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s