89. Fantasmas de carnaval

en el 2010, en el carnaval de San Carlos

en el 2010, en el carnaval de San Carlos

Hace un año y dos semanas, en el momento en que cayeron los feriados de carnaval el año pasado, yo comenzaba a trabajar en Uruguay.

Fue un caos, como recordarán los lectores históricos que hayan leído los primeros posts de este diario de viaje.

Cuando llegué a Tres Cruces parecía el día del apocalipsis y por añadidura ocurría que en la ciudad no había una mísera cama disponible.

Y, el lunes en el que me tocó empezar a trabajar en ese ámbito tan gris como la casa que lo enmarca, pude contar con los dedos de las manos los seres vivientes que me crucé en el camino desde la Ciudad Vieja a Pocitos. En esa suma incluyo, por supuesto, al taxista que me llevó –porque esperar un colectivo en un feriado en Montevideo, temprano y en un día lluvioso y gris puede inducir al suicidio- y a la rata que me dio la bienvenida cuando llegué a mi flamante trabajo.

Montevideo era una ciudad desierta y creo que este año está ocurriendo exactamente lo mismo. No tanto porque lo vea en las calles –no he salido demasiado-sino porque me doy cuenta de que casi todas las personas que conozco en esta ciudad o se fueron con rumbo (des)conocido o lo harán en las próximas horas. Creo que los únicos que se quedan en Montevideo son los turistas que llegan de otros países. Y aquellos habitantes a los que no les queda otra, como yo.

Supongo que lo propio estará ocurriendo en Buenos Aires.

He pasado varios carnavales en Uruguay, pero siempre como turista y disfrutándolos. Este año la situación es bien diferente y pocas cosas son más tristes que quedarse sola en una ciudad fantasma oyendo de lejos los ecos de celebraciones ajenas.

(hasta preferiría estar en Buenos Aires durante esos días, aunque en cualquier momento borraré esta confesión y negaré rotundamente haberla escrito alguna vez)

……………………..

Hasta hace unos días, cuando pensaba que –quizás, en una de esas- habría cobrado mi liquidación para estas fechas, pensaba irme a pasar al menos el feriado del lunes a Punta del Este con el único fin de escuchar a mi adorado Paulinho Moska. No importa que no te guste, querido lector. Si lo ves en vivo te enamorás, garantizado. Aunque sólo sea por esa noche.

A Paulinho lo vi en el Mantra (acompañada en grupo) y en Medio y Medio (sola), donde justamente tocará esta vez como cierre del tradicional festival de ese restaurante/ club de jazz.

También lo vi varias veces en Buenos Aires. Pero cada vez que toca cerca de donde estoy y sé que no voy a poder ir, me da tristeza no poder hacerlo. Es que la música de Paulinho es como una medicina espiritual, tiene algo tan indefinible como reconfortante.

En fin, el plan era comprar la entrada y después pedirle a alguno de los asistentes que me acercara a la terminal de Punta del Este. Ya lo hice el año pasado y me salió bien, será que un recital de Paulinho deja a los asistentes en un estado similar al señor Burns cuando repetía “les traigo paz… les traigo amor”.

Es más, con un poco de suerte conseguís a alguien que te acerque a Montevideo, mismo.

Pero no cobré la liquidación y aunque la cobrara el lunes creo que sería un poco tarde.

Y tampoco tengo un nuevo trabajo que me permita respaldar ese gasto.

…………………….

Hace un par de horas tuve una entrevista de trabajo, en un lugar donde me habían entrevistado hace ya varios meses, cuando trabajaba en la inmobiliaria. Pero no viene al caso la historia de aquel momento.

Lo que sucedió ahora es que no me sentí bien durante la entrevista y, por lo tanto, creo que no me sentiría bien trabajando ahí. Tengo varios motivos para pensarlo pero, sobre todo, lo sentí en las entrañas.

Y, como ya lo dije, creo que me llegó el momento de empezar a sentirme cómoda en el lugar donde trabaje. Ya llegué al punto de la vida en que creo que no vale la pena vivir de otra manera.

Si eso no ocurre en un tiempo prudencial, evaluaré que decisión tomar.

Por ahora, me esperan por delante cuatro días anodinos y eternos, salvo que tire magia y saque algún plan de la galera. De todos modos, las dos cosas más importantes que tengo que hacer en el futuro cercano están condicionadas por factores externos directa o indirectamente relacionados con el carnaval.

La más prosaica es el turno de la cédula, para la que me falta la partida de nacimiento legalizada (considerando que acá para todo te piden la partida, tendría que haber pedido una docena de copias y legalizaciones de una vez y por ahí me hacían precio). Ya lo sabía, pero como en la Dirección Nacional de Migración me dijeron que fuera solamente con el certificado de residencia, me tiré el lance y me comí el rebote burocrático pertinente.

El tema de los feriados complica el tema en Buenos Aires y creo que la partida no llegará a estar lista en la fecha de viaje de la persona que en teoría me la debería traer. Veremos cómo resuelvo ese punto. Por otra parte, al no haber cobrado la liquidación, no tengo dinero para hacer el trámite, así que debería esperar de todas maneras.

La segunda cosa que debo hacer es más poética –y bastante más dolorosa, al menos en la instancia puntual del acto- pero los feriados de carnaval postergan una situación que, llegado el momento, será inevitable y que si fuera por mí desearía atravesar hoy, en este mismo instante.

……………….

De todo lo anterior se puede inferir que no es sólo que me esperan días que en mis circunstancias actuales de vida serán tediosos, sino que además representan un compás de espera que, en tanto tal, se acabará más tarde o más temprano pero que –mientras se atraviesa- es como un péndulo donde se hamaca la eterna desesperación de la espera que involucra circunstancias donde uno no tiene ni arte ni parte.

Históricamente, el carnaval fue esa tradición donde las diferencias sociales se disolvían en un escenario donde también se diluían los límites entre la ilusión y la realidad.

Hoy en día, al menos en mi caso, es ese momento del año donde más siento esas diferencias, con mucha crudeza. Si pudiera, le daría la espalda al mundo y durante estos cuatro días viviría un carnaval a mi manera, pero en esta coyuntura cuasi monacal en la que me encuentro ni siquiera tengo la opción de permitirme excesos festivos y suntuarios.

No. Sólo me queda esperar la nube del miércoles de ceniza. Que, si se cumple mi plan poético, será un miércoles de ceniza con toda la fuerza y la carga semántica que esa expresión conlleva.

Mientras tanto espero, en un desierto melancólico, rodeada de mis propios fantasmas de carnaval. No deja de ser gracioso que el autor del tema de ese nombre (mi también querido Kevin Johansen) se lo dedicara a un barrio de esta ciudad desde la que, anclada, espero a que las condiciones me permitan navegar.

Anuncios

2 pensamientos en “89. Fantasmas de carnaval

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s