70. Almorzando con Francis Mallmann (2013)

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Hace casi tres años, en un domingo muy soleado, me subía –en inolvidable compañía- a una camioneta, para salir desde la ruta 12 e ir hacia la ruta 9.

En Uruguay, claro.

Al día siguiente, por haber ido overdressed en el sentido cuantitativo de la expresión, sufría los efectos de un golpe de calor galopante. Con un galope mucho más frenético que el de los hermosos caballos que pastaban a tan sólo unos metros de mí.

La próxima vez que vaya al evento de los siete fuegos de Francis Mallmann en Garzón, me juré a mí misma, voy en short, ojotas y sombrero. Esto último sobre todo, porque el sol me pegó lindo en la cabeza.

El 13 de octubre del 2013 cumplí con ese juramento (bueno, no con short, pero sí con vestido y abundante protector solar). Pero el anunciado día de sol radiante jamás llegó.

Como diría Alanis Morisette: isn’t it ironic?

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Aquel día del 2010 en que fui a Garzón fue muy especial para mí. En primer lugar, porque lo hice en compañía de una persona de la que estaba profundamente enamorada y a la que de alguna manera me sigue uniendo un vínculo tan amoroso como atemporal.

En segundo lugar, porque era la primera edición del festival Punta Food and Wine y –por lo tanto- el primer evento Siete Fuegos en Garzón. No tengo ninguna duda de que la mística que iluminó aquella primera vez nunca pudo ser superada en las sucesivas ediciones del evento.

Creo que cualquier persona que haya estado en esa ocasión inaugural coincidiría conmigo. Tanto, que apostaría mi permanencia en Uruguay, porque estoy segura de que ganaría.

………..

Es obvio para todos los lectores que siguen el blog que, este año, asistir a este evento estaba bastante fuera de mis posibilidades económicas.

Pero, una vez más, la ley de atracción funcionó. Un uruguayo al que conocí buscando alojamiento –y al que jamás había visto en persona- me consiguió una entrada (gracias F., tienes mi gratitud eterna).

Y así fue como hice el camino Montevideo – Punta del Este – Garzón, con F. y un grupo de amigos de él. Entre ellos, una chica que recién el sábado mirando la tele me enteré de que trabaja en “Cortita y al pie”. Supongo que mis lectores uruguayos conocerán el programa y les confirmo que L. (la chica a la que me refiero) es tan linda y simpática como se la ve en pantalla.

Tan divina que tanto ella como su marido me invitaron a ser partícipes del festejo de su cumpleaños esa noche, ya de regreso en Montevideo.

…………….

Las plazas de los pueblos en Uruguay –esto es algo que también saben todos los uruguayos- se parecen mucho entre sí. La de Garzón, donde se celebró el ágape mallmaniano, no es la excepción, pero está enmarcada por un bello paisaje y sigue teniendo el encanto de ser un lugar perdido en el mapa, por mucho que los intereses inmobiliarios y las revistas de turismo exclusivo hayan manipulado discursivamente esa condición. La han ensalzado tanto que podrían haberla hecho desaparecer, pero basta poner un pie en esa plaza para saber que eso no ocurrió.

Garzón ya no es ese lugar del que se hablaba de boca en boca casi como un secreto reservado a la casta “in the know”. No es ese pueblo mimado por la prensa en las épocas doradas del hotel Garzón. Tampoco es ese pueblo cuasi fantasma que conocí hace muchos años, volviendo de unas vacaciones (definitorias) en Cabo Polonio.

No. Ahora es otra cosa, pero sin duda nada de lo anterior.

Y, no obstante eso o quizás a causa de eso, es imposible caminar por esa plaza y no sentirse alcanzado por su belleza serena, sus verdes intensos, su calma casi insolente y la delicadeza de ese paisaje serrano que la circunda.

…………

Siete Fuegos, tal lo previsible, no es un evento recomendable para vegetarianos si consideramos que los platos fuertes del menú, así en el 2010 como ahora, fueron el salmón, el pollo, el ojo de bife y el cordero (regados por vinos nativos, chilenos y argentinos, cómo no). Como amante de los pescados, tanto aquella vez como ahora mi plato preferido fue el salmón.

Había opciones vegetarianas, claro. El clásico curanto de papas (y esta vez zanahorias; creo que en el 2010 fueron boniatos), calabaza asada, y algo que yo nunca había probado: lechuga criolla a la parrilla.

A manera de entrada, hubo quesos de Talar.

Y el postre fue un bizcochuelo con piña a la parrilla y dulce de leche.

Muy rico. Pero opino que los duraznos blancos y las ciruelas asadas con mascarpone de la edición 2010 le daban veinte vueltas al postre del 2014. Quizás, en parte, porque fue Francis mismo quien se encargó de dar inicio al show del dulce en aquella oportunidad.

Se extrañó también (o al menos yo lo hice) el café y el whisky post almuerzo que había en la vuelta en el 2010.

Pero, en resumen, es un evento que recomendaría a ojos cerrados a todos quienes –como yo- sean fans de Francis.

En enero habrá –por primera vez- una edición estival del festival. No sé si habrá algún evento en Garzón, pero estimo que Francis será partícipe de alguna manera.

……………

Para que los que quieran vichar el registro del evento puedan hacerlo, el álbum que le dediqué en Facebook es público. El link es:este.

Es necesario aclarar, de todos modos, que aún no termine de subir las fotos.

Quienes hayan leído el post anterior podrán comprender por qué.

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