51. El tiempo es un efecto fugaz

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Ha comenzado otra semana en Montevideo, esta vez corta porque –por una vez- toca feriado de este lado del río, el jueves (por algo existe acá la famosa avenida 18 de julio). Lamentablemente, el tema del feriado puente no corre en estos lados.

En realidad, mi semana debería haber comenzado ayer, pero no fue así porque al final -gracias a una persona muy generosa a quien agradezco con todo el corazón su gesto- me pude ir el fin de semana a Buenos Aires y tal lo esperable durante el lunes mi cuerpo estuvo acá, pero mi alma se había quedado allá. Bueno, decir fin de semana es una convención porque estuve apenas algo más de 24 horas. De todas maneras, lo que el viaje tuvo de corto también lo tuvo de intenso y en ese día y poco, pude hacer muchas cosas.

Tuve, por supuesto, encuentros con personas muy queridas. Y, entre ellos, una charla con una amiga donde en una hora y media logramos hablar de todos los temas universales y arquetípicos que atraviesan la existencia humana. Fue una charla inolvidable y muy conmovedora, de esas que no se pueden contar acá ni podrán ser contadas tampoco en la versión “extendida” de esta crónica; una conversación profunda y de un nivel de intimidad que dista mucho del de los diálogos de la vida cotidiana. Cuando esas cosas ocurren, uno siente que todas las conversaciones deberían ser así, siempre a corazón abierto. Pero todos sabemos que no es frecuente que eso suceda y por eso, cuando sucede, es como si ocurriera una conexión con la dimensión mágica y luminosa de la existencia.

Hablando de diálogos, me di cuenta de que cada vez estoy incorporando más el hablar de tu y casi me estoy empezando a sentir algo extranjera en Buenos Aires. Y también incorporé mucho el “contigo”, que es muy uruguayo y me encanta. En algún momento de este viaje, en alguno de esos trabajos inolvidables que tuve, un jefe me dirigió la siguiente encantadora frase: “Lo que yo quiero contigo es…”. No importa cómo siguió la frase, lo importante es que cualquier frase puede llegar a sonar exquisita con ese comienzo.

Otra cosa que noté durante mi paso fugaz por Buenos Aires es que algo engordé desde mi última visita: me probé un par de cosas que dejé allá y en esa oportunidad me iban sueltas y ahora me ajustaban. Como se desprende de lo que escribo desde hace tiempo, no estoy comiendo de más así que supongo que tiene que ver con dos factores: 1) en aquel viaje venía de trabajar 16 horas por día y estaba bastante consumida y 2) durante muchos de los últimos días mi dieta se basó fundamentalmente en harinas. Eso no sólo repercutió en mi peso sino en mi pelo, en mi piel, y en mi tono muscular. Conclusión: he comprobado en carne propia lo necesarias que son las proteínas.

En consecuencia, ahora estoy tratando de agregar aunque sea una pequeña porción de proteína a mi vida diaria, porque de otra manera creo que llego a fin de año siendo la versión humana de un Ricardito: esponjosa, amorfa y con 0% de contenido nutricional.

Tal como ilustra la foto que encabeza el post, me traje también algunos regalitos de un querido grupo de amigas. Más allá de que la foto esté editada, el lector atento podrá advertir que mi color preferido es el verde. Creo que lo cuento en el “Acerca de mí” de este blog, pero ya ni me acuerdo qué puse y sin duda ese texto está completamente desactualizado.

Como imaginarán, algunos ítems de las foto ya fueron convenientemente abiertos y estrenados.

….

El lunes llego a Vázquez Ledesma a las 6 AM y me encuentro con todas mis cosas desparramadas en la cocina. Desde hace meses C. (la dueña del apartamento) me viene prometiendo que va a pintar mi habitación. Punto a favor: mi ausencia por casi dos días era el momento ideal para hacerlo. Punto en contra: quienquiera haya sido el que agarró el rodillo, podría haberle puesto un poco más de garra y terminar antes de que yo llegara.

En fin. Terminarán el próximo fin de semana y me las voy a tener que arreglar para hacer un poco de turismo urbano mientras eso ocurre.

O instalarme en el living del apartamento con lo que queda de mi computadora y hacer lo que hubiera debido hacer en el post anterior: sentarme a releer todos los escritos que preceden a este, para poder hacer el balance vivencial que amerita haber llegado a este punto del camino.

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4 pensamientos en “51. El tiempo es un efecto fugaz

  1. Hola Ari, mi hijo cuando quiere que haga algo con él dice: quiero contigo. Obviamente lo logra, quien puede negarse?
    Que lindos regalos, hacen bien al alma también. Besos!

  2. Había pensado escribirte un comentario muy sesudo, intelectual y profundo hasta que volví a ver la foto y encontré el Toblerone y la cajita de tés Twinings esos de gustos exóticos que salen carísimos, jejeje… todo lo demás parece ser muy lindo e importante, pero a mi con esas dos cosas ya me dejás pronto, jejeje.

    Ahora si, me alegra que hayas podido hacer ese viaje y que además de los regalitos, te trajeras esos regalos para el alma que son tan necesarios y tan gratificantes… como siempre, un gusto leerte. Suerte con la semana.
    Besos

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