37. Lo no dicho

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Aquel día que salí en Buenos Aires con mi amiga V. le comenté que, cuando llegara a los 100 posts, quería leer todo este diario de viaje desde la entrada número uno y corregir y editar todo lo escrito para darle el formato de una crónica. Pero, por sobre todo, que quería agregar muchas cosas acerca de las que -por diversas razones- omití escribir.

Ella –que está en el tema de la edición de textos- me sugirió que, por cada texto “publicable” escribiera la cara oculta de esa historia, y que guardara esos textos en un archivo especial donde, debajo del post 1, agregara lo no dicho acerca de esa historia puntual. El texto paralelo.

Su sugerencia me pareció muy acertada. En primer lugar, escribir ambos textos en el mismo momento es la mejor manera de que no se pierdan cosas interesantes que poco a poco se hunden por su propio peso en la ciénaga del olvido durante todo ese tiempo que lleva escribir 100 posts. Lo que no se escribe en el momento de la inspiración o de la vivencia puntual, se pierde. Es la ley no escrita de lo escrito. Todos los que escribimos lo sabemos, porque a todos nos ha ocurrido.

La memoria es muy selectiva y, dada su tendencia errática y caprichosa, muchas veces se deshace de los datos relevantes para quedarse con los más superfluos. O con aquellos con los que sabe que podrá torturarnos, en el momento (in)oportuno.

Pero, además, que cada texto tuviera su versión “B” me pareció una buena manera de organizar el material. Es como si cada historia fuera un rompecabezas. Al leer el texto 1, cada lector se va formando una cierta imagen, pero al leer inmediatamente después el texto 1b, se encuentran aquellas piezas faltantes que permiten ver la imagen completa. O desarmarla para construir una radicalmente diferente. Las piezas de los significados y los significantes nunca son rígidas; tienen una plasticidad dada por la capacidad de interpretación de quien las va uniendo en su mente.
Por eso, no existen dos personas que lean el mismo texto, ni una misma persona que lea el mismo texto dos veces. Y ningún lector lee el texto que escribió su autor, sino que lee su propia versión.

Más allá de que escribir sea un proceso de selección constante, escribir sobre temas muy personales sabiendo que aún no es el momento de contar ciertas cosas requiere un esfuerzo adicional. Por eso, todo aquello que ahora pasa por el filtro de mi censura no merece el título de “historia paralela”. Lo que es paralelo entre sí, se sabe, no se toca jamás. Por el contrario, cada vez que me siento a escribir, debo separar cosas que están profundamente entrelazadas unas a otras. Con mucha delicadeza, debo deshacer esa trama y lograr que el tejido siga manteniendo un patrón y una cierta coherencia.

……

El sábado pagué mi alquiler, que está pactado en dólares. Eso atenta contra mi precaria economía porque acá el dólar acá está en alza y mis ingresos al momento son en pesos uruguayos. Por lo tanto, este mes perdí mil pesos que hubiera debido destinar a comer. Lo malo es que sólo tengo 25 pesos uruguayos diarios para comer hasta mi cumpleaños; lo bueno es que –al menos- no voy a llegar rodando.

Hoy me llamaron de parte del barman de mi ex trabajo que se hacía el lindo (pero que además demostró tener buen corazón) para ofrecerme un trabajo nocturno para algunos días de la semana. Pero es en una zona lejana y no sé si me dan las energías para andar viajando a las tres de la mañana después de haber trabajado durante todo el día. En mi anterior trabajo nocturno, la situación era muy distinta porque trabajaba (muy) cerca de donde vivo.

Debería complementar ingresos de alguna manera, pero creo que no de esa en particular. Tendré que investigar otras opciones.

Mientras tanto, deberé prescindir de muchas cosas, por ejemplo el chocolate (esta noche me comí el último pedacito que tenía). Que, no casualmente, ha pasado a ser para mí una a-dicción y, en tanto tal, está relacionado con lo no dicho. Quizás, para sobrellevar la abstinencia, deba seguir la sugerencia de mi amiga V. y escribir todo aquello no dicho, aunque aún no sea el momento de hacerlo público.

Actualización: esta mañana pasó lo que alguna vez tenía que pasar por andar con la computadora a cuestas. Se me rompió la mitad de la pantalla, por eso la imagen que encabeza el post. De manera que ahora quedé casi incomunicada. No deja de ser significativo que ocurra justo cuando escribí este texto.

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