34. Mayday

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Primeros minutos del lunes. Hoy comienzo en el nuevo trabajo, no me puedo dormir (esto último es habitual que me suceda, de todas maneras).

Me voy corriendo desde la habitación fría a la cocina cálida. A partir de la medianoche, no sólo cruzo la terraza con la cabeza baja, sino que la cruzo corriendo. Estoy segura de que ganaría cualquier maratón con la velocidad que alcanzo. Y todo por mi fobia a las ratas. Todavía no alcanzo a comprender cómo puedo dormir sabiendo positivamente que los roedores circulan cada noche a unos tres metros de mi cabeza pero a) al fin y al cabo nos separa una pared y b) el sueño todo lo puede.

El domingo fue raro. Creo que fue mi peor día en Montevideo desde que llegué a este apartamento (cualquier lector que haya leído entradas anteriores sabe que antes de llegar acá la pasé bastante mal, así que por lo menos tuve días tan oscuros como este).

No es que haya pasado algo puntual. Pero tuve un nudo de angustia desde que me levanté hasta este momento. Y todo el día sentí una gran tristeza, opresiva y asfixiante. A tal punto, que no puedo describirla en este blog. Quedará entre todas esas cosas que no cuento y quizás pueda manifestar algún día de alguna manera.

Pero, al menos por ahora, no será por escrito.

…….

En otro orden de cosas, sigo sin tarjeta de crédito. Hoy entré al home banking a ver cuánto tenía que pagar, me preocupé bastante y decidí suspender su uso por tiempo indefinido. Tengo un mes difícil por delante, pero al menos tengo algunas certezas:

a) ya no tiene trascendencia el tenerla o no, así que ya no tengo que estar pendiente de que la persona que la tiene en su poder la pueda traer,

b) había pensado en ir a Buenos Aires un fin de semana en junio, sólo me quedaba decidir cuál: si el del sábado 8, el del 15 o el 22. Pero, sin fondos virtuales que me permitan hacerlo, el dilema de la decisión desaparece,

c) mi presupuesto para comer se acota aún más, de manera que mis posibles menús se reducen de una manera que me evita tener que perder tiempo en decidir entre comprar una cosa u otra, y

d) me preguntaba cuál habría sido el motivo oculto/ inconsciente de un olvido tan importante como el de la tarjeta. Ahora reafirmo que la vida es sabia y me evitaba la angustia de tener en mis manos algo que de todos modos no puedo usar.

……..

Al mediodía, me puse a ordenar papeles, una tarea que por diversos motivos siempre pospuse. Volqué sobre mi cama todos los registros físicos que tengo de mi paso por Uruguay desde el 4 de enero hasta el momento (sí: guardé casi todo). El ticket del desayuno que tomé el primer día, cuando no podía aún hacer el check in en el hostel. El del almuerzo inaugural en el puerto. Los de los supermercados que demostraban cuan pobre o rica era cada día (por lo general ocurría lo primero). Revistas con juegos que entregaban en la playa. Papeles casi ilegibles con direcciones y números de teléfono, principalmente para entrevistas. Las facturas de los hostels. Mi cédula, ahora inservible porque está vencida. Los pasajes de Buquebus y los (incontables) de Cot y Copsa MVD/PDE que me tomaba para ir a las entrevistas. Comprobantes de casas de cambio que demuestran que, en algún no tan lejano momento, el peso argentino superaba la barrera de los dos uruguayos. La entrada del recital de Jorge Drexler, aquella noche en Medio y Medio, donde el taxi me dejo a pie a las tres de la mañana y una pareja a la que encaré de caradura me llevó desde Solanas hasta la punta.

Cinco meses resumidos ante mi vista en papeles arruinados, desteñidos y que ocultan –pero a la vez evocan- toda la intensidad de ese período.

Y eso me lleva al porqué del título de este post.

…….

Otra de las cosas que aprendí en el curso de timonel es que el famoso pedido internacional de ayuda “Mayday” no es más que una deformación del francés “m’aider” (ayudarme). Si bien conocía el verbo de antemano, nunca había asociado un término con otro.

A lo largo de este viaje que comenzó el 4 de enero (en su forma física, porque internamente comenzó mucho antes) fueron muchas las personas que escucharon mi “Mayday” y me ayudaron de una manera que permite que, hoy, esté escribiendo esta perorata todavía desde Uruguay. Algunas tienen un mérito excepcional, porque en la mayoría de los casos no pronuncié esa palabra. Simplemente, quienes me ayudaron supieron captarla de alguna manera y me hicieron llegar su ayuda cuando más la necesitaba.

Una de las consecuencias de ver los papeles que documentan todas las peripecias que atravesé es el reflexionar acerca de todos quienes lo hicieron posible, en mayor o menor grado.

Muchas de las personas a las que me gustaría darles las gracias ni siquiera saben de la existencia de este blog. De todos modos, a varias de esas personas ya les he dado las gracias por otros canales. Y, en definitiva, creo que la gratitud es un sentimiento tan poderoso que siempre llega a la persona indicada, de una manera u otra.

En primer lugar debo agradecer a mi hermano, que fue el que me permitió comenzar esta aventura. Y que, en un acto de generosidad infinita, me dejó ir.

Y, además:

A la sra. G. (mi ex jefa) que –más allá de lo que haya pasado al final- fue la que me permitió dar mis primeros pasos en Uruguay. Y conocer a personas hacia las que siento un gran cariño.

A la persona que me recomendó para mi trabajo nocturno, con un desinterés absoluto. Y a la amiga que me condujo a ella.

A todos los compañeros que conocí en ese trabajo, porque hicieron que durante tres semanas mis noches fueran más divertidas y me hicieron sentir acompañada (y a algunas de mis compañeras también, no voy a ser mala).

A todos los uruguayos que conocí antes de instalarme acá y apoyaron mi sueño desde el primer momento.

Al lector del blog que confió en mí y me dio la posibilidad de conseguir trabajo.

A mis lectores en general, porque imagino que la mayoría también apuesta por este sueño y sus energías me llegan, de una manera u otra.

A muchas de las personas a las que contacté buscando alojamiento y que al día de hoy me preguntan cómo estoy y se interesan por mi búsqueda laboral.

A mi amigo A., que fue mi confidente (en la distancia y en la cercanía) y logró el milagro de hacerme sentir bien en momentos oscuros.

A mis amigas que saben de este sueño hace años y, cada cual a su manera, me inspiran a que siga luchando por él.

A todas las personas que conocí en mi vida hostelera y me permitieron enriquecer mi punto de vista acerca de lo que representa lanzarte a intentar vivir en otro país.

A todas las personas que, cuando supieron que me había quedado sin trabajo, me pidieron que les enviara mi CV para ayudarme.

A Juana, que me hospedó cuando no tenía lugar para dormir.

Y me debo estar olvidando de varios, pero ya lo subsanaré.

Gracias, simplemente.

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