4. The trapeze act

Quizás el aspecto más mágico de la improvisación cuando uno está realmente jugado sea que, a veces, ese trapecio que tus manos están esperando tocar cuando saltás del anterior -y estás en el aire sin red- finalmente aparece, impulsado desde una aparente nada por fuerzas inexplicables. La palabra “finalmente” tiene aquí un significado literal: ese precario pero poderoso pedazo de madera sujeto por cuerdas hace su entrada escénica en el último momento, cuando sentís que la caída libre ya comenzó su curso irrefrenable.

Ni bien las manos alcanzan el anhelado trapecio se dan inicio nuevas sensaciones conflictivas: es probable que, en el esfuerzo de agarrarlo en esa fracción de segundo previa a que se nos pase de largo, nos duela el cuerpo (y el alma). Y quizás el nuevo viaje al que nos conduce el rumbo de ese trapecio no nos lleve en la dirección que soñábamos.

Después de cuatro noches de haber logrado el triunfo de encontrar una cama para dormir (en rigor de verdad, tres camas distintas en ese corto período), en mi quinta noche en Montevideo City la situación volvió a complicarse. Como mi vida en este momento es la improvisación total, cuando llegué al hostel de Pocitos sólo hice reserva por tres noches. Resultado: cuando quise extender la reserva, ya no había lugar para el fin de semana.

No es que sea improvisada por deporte, claro. Quizás en otras ocasiones lo soy, pero puedo jurar que no elegiría serlo en estos días donde lo único que quiero es un islote de estabilidad en un océano de aventura. Es la improvisación de quien prácticamente no tiene un peso en el bolsillo y debe echar al aire cada día su moneda esperando que esta caiga en una posición favorable y le permita ganar la apuesta; esa que no hace más que consigo mismo y sus circunstancias pero no deja de ser una apuesta límite ya que determina en alto grado su bienestar, salud e integridad, de todas las maneras en las que se puedan interpretar esos conceptos.

Ah, la detestable sensación de pensar en mudarme otra vez. Recuerdo esa noche que viví hace poco más de una semana y puedo revivir con fidelidad esa corriente medular de angustia. Estaba harta de taxis, de gastar dinero en ellos, y de acarrear mi equipaje aunque fuera sólo por unos pocos metros. Y de no poder sacar mis cosas por no haber encontrado un lugar -más o menos- definitivo donde quedarme. Aunque soy consciente de que “definitivo” es una palabra que no le cuadra a este viaje, ni siquiera a su relato.

En este caso el trapecio estaba hecho de madera argentina. Cuando conté, una vez más, mi historia de la chica porteña intentando lograr en Montevideo lo que Buenos Aires no le permitió, tuve la suerte de que mi oyente -casualmente uno de los dueños del hostel- fuera también argentino y hubiera pasado por esa situación.

No, no es que me estén alojando gratis (lejos de eso). Y tampoco pude sacar mi ropa, que sigue en su mayoría doblada esperando poder tomar aire en alguna percha. Pero me sacaron una cama de la galera para ese fin de semana. Que es la misma cama donde dormiré esta noche (sola, por supuesto).

Claro, luego vinieron las consecuencias del vuelo en ese trapecio, que confluyen en el hecho de tener que adaptarme a un lugar en el que no hubiera elegido vivir. Esa parte de la historia la voy a omitir al menos por el momento y voy a hacer foco en la parte luminosa que es haber encontrado un lugar para dormir (por más precario que sea) hasta que mi situación se estabilice un poco. Traducción: hasta cobrar mi primer sueldo y poder afrontar el pago mensual que me piden en todos los lugares donde estoy buscando alojamiento. Ese será el momento donde me podré bajar del trapecio, aunque sea por cinco minutos. Ya sé de antemano que el trapecista nunca deja del todo el tránsito incesante del vuelo libre.

Sólo lo abandona cuando se deja caer o se estrella contra el suelo, porque el trapecio y/o su eventual partenaire aparecen a destiempo.

Ya se sabe, en la vida todo es cuestión de timing.

Volviendo al tema de la búsqueda de un hospedaje más formal: esa parte de la historia, que estoy transitando ahora -y es todo un tema- va a llevar varios posts (que espero le puedan servir a alguien, en algún momento).

Un beso

PD. Hablando de trapecios, si nunca escucharon la adorable y (al menos para mí) conmovedora canción de Iron & Wine “The trapeze swinger”, se las recomiendo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s