Un lugar en el mundo

Existe un lugar al que viajé muchas veces, en diversas circunstancias de mi vida. De hecho, podría decir que los eventos más importantes de mi historia de los últimos años ocurrieron ahí.

Hace unos días, cuando estaba llegando -una vez más- a ese lugar, al pasar por un sitio determinado en la ruta, me puse a llorar instantáneamente, porque en el lugar que reconocemos como propio todos los recuerdos cruzan las dimensiones que le imponemos al tiempo y se convierten en presencias tan intensas como cuando las vivimos por primera vez.

Puede sonar muy de telenovela, pero así es cómo reconozco a mi lugar en el mundo. Por eso, nunca fue un escape para mí ir allá. La sensación es más bien la de regresar al hogar después del destierro. Y la tristeza que siempre acompaña a esos viajes es la de saber que ese regreso no es definitivo. Al menos, por ahora.

Por sobre todas las cosas, creo que un lugar en el mundo es aquel donde la energía nos resulta afín. Esto no se puede describir en palabras, porque lo ilimitado nunca podrá ser descrito con herramientas limitadas. Y aunque amo el lenguaje humano, quizás porque lo amo conozco sus debilidades, y aprendí qué tan limitado puede llegar a ser.

En mi caso, la energía que me es afín es, a grandes rasgos, la de la naturaleza: no soy una chica de ciudad, definitivamente. A mi situación se aplica la frase de que si la vida te da limones hay que hacer limonada, e intento aprovechar las alternativas que ofrece la ciudad (por ejemplo, a nivel cultural). Pero cambiaría con gusto todas esas alternativas por poder irme a mi lugar a contemplar el mar cuando quisiera. Y como conozco bien ese lugar, en sus virtudes y defectos, soy consciente del precio que tendría que pagar por hacerlo: un aislamiento social considerable, durante la mayor parte del tiempo. No me importa, mi propia vida me preparó para lidiar con la soledad. Por eso me resulta absolutamente natural mi afinidad con mi (no casualmente también natural) lugar en el mundo.

En mi lugar en el mundo, estoy siempre cerca de un lugar donde sentarme a mirar las estrellas, o el mar, o el verde inmenso en sus inagotables matices (a los lectores habituales del blog ya les debe haber quedado claro que el verde es mi color predilecto). Y no me aburro, puedo quedarme horas y horas en estado de contemplación. Es mi forma de meditación. Y de reencontrarme con la inspiración, por eso es estando allá que avanzo en las tramas de las dos novelas que poco a poco trato de escribir.

Es también el lugar donde me gustaría que fueran arrojadas mis cenizas, pero no por ser llevadas desde Buenos Aires, sino porque espero poder morir allá.

Y aún más que eso, porque las apuestas importantes siempre se hacen en vida. E incluso si sus resultados nos llevan al fondo del precipicio, es una manera de estrellarse con cierta elegancia. En esa convicción, las últimas fichas que tenía en mi poder las aposté a ese viaje para poder sentirme mejor. Mis últimas reservas (y lo digo en un sentido absolutamente literal) se fueron en ese viaje. No sé de qué manera voy a subsistir en los próximos días, pero de nada me serviría tener la heladera llena y las cuentas pagas de no haber podido regresar, por unos días, a mi lugar en el mundo, Uruguay.

Hoy, simplemente, algunas fotos de los lugares por donde estuve en este viaje. La foto de la parte superior es en una casa de té/ restaurant de José Ignacio, Lucy.

Besos

los atardeceres que nunca me voy a cansar de ver

las luces diluyéndose en el mar

las clásicas fotos del puerto de pde

vidriera de vuitton

vidriera de kallalith, uno de mis locales de decoración preferidos, si no fuera por los precios me iría con las manos llenas cada vez que entro. En este viaje, por obvios motivos, no compré nada; fue sólo entrar y mirar. Tienen un local en Buenos Aires, en la galería Promenade, pero no sé si venden cosas de deco o solamente joyas (que fue el rubro original del negocio)

amo estas lámparas. Sueño con que llegue el momento en que pueda ir al mercado de pulgas y comprar lo necesario para hacerme una

vidriera de el camarín

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Un pensamiento en “Un lugar en el mundo

  1. Sinceramente en encanto muchisimo tu descripción de “un lugar en el mundo” y las fotografias con
    que lo acompañaste.- Romantica.- Besos.-Hugo

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